Mirando hacia el horizonte

lEn un mundo cambiante donde todo muta y se transforma, es importante abordar el enfoque educativo que aún hoy prioriza los resultados obtenidos en base a unos objetivos estándar, según edad o ciclo educativo donde se encuentre el niñ@.

Se condena la creatividad en aras, de a mi entender, una productividad mecanicista y carente de ilusión por el aprendizaje. El alumno se convierte en lo que en la época de la Revolución Industrial llamaban mano de obra. Rara vez se tiene en cuenta los intereses o inquietudes de quienes en un futuro serán nuestros dirigentes, profesores, padres, pintores…

Según este planteamiento podríamos decir que actualmente en muchos centros educativos, se sigue practicando lo que Paulo Freire denominó como educación bancaria.

Educación bancaria

Teniendo en cuenta esta realidad, me planteo tres preguntas que lanza José María Toro en una entrevista sobre su libro “Mi alegría sobre el puente”

1) ¿Qué hacemos? Formar a un estudiante pasivo y competitivo.

2) ¿Para qué lo hacemos? Para moldear al estudiante, quien casi sin darse cuenta convierte en mercancía su conocimiento.

3) ¿Desde dónde lo hacemos? Insertos en un  esquema social que nos quiere hacer creer que  lo realmente importante es tener mansiones lujosas y derrochar el dinero en centros comerciales, o pedir un préstamo para poder disfrutar de unas vacaciones en la Rivera Maya por ejemplo.

Este planteamiento hace que un gran porcentaje de la población tenga modelos mentales confusos, en los que hace falta tener para ser feliz. En esta ocasión, pienso que el orden de los factores si altera el producto, puesto que olvidamos que cuando venimos al mundo ya somos, y hacemos en primer lugar, una observación que nos lleva al aprendizaje de movimientos que desarrolla en nuestro esqueleto la musculatura necesaria para caminar, correr, saltar etc. Lo que me lleva a pensar que el orden correcto es: SER, HACER y por último TENER.

Cada vez somos más los educadores que señalamos la necesidad de una educación de dentro hacia fuera, donde cultivar la inteligencia emocional es la piedra angular del desarrollo personal y social, de eso a lo que hoy llamamos futuro.